divendres, 19 de març de 2010

EL PLAN BOLONIA: Y AHORA, ¿QUÉ?

Hace un año estábamos inmersos en el debate (y en la lucha) sobre la implantación del llamado Plan Bolonia en nuestras universidades. Hubo quiebros y requiebros, opiniones de todo tipo, pero salieron ganando los que, con razones propias o sin ellas, se acomodan a lo dictado por el sistema. Salieron ganando los políticos que decidieron introducir modificaciones en los planes universitarios sin asegurar su viabilidad presupuestaria; salieron ganando los que, bajo el cobijo del poder universitario (rectores, vicerrectores, decanos, vicedecanos, directores de departamento, coordinadores de titulación...), sancionaron la presunta bondad del cambio; salieron ganando los que, o demasiado crédulos o demasiado ignorantes, creyeron en lo que se les decía desde arriba y tomaban a los que nos oponíamos al Plan poco menos que como hordas desestabilizadoras e insensatas...

Acabo de escribir que ganaron ellos, pero la realidad es otra: con su victoria, nos arrastraron a todos nosotros hacia la perdición. Todos hemos perdido, los crédulos y los presuntos insensatos. Y, especialmente, han perdido los alumnos que, sin saberlo, llegan a unas aulas más conservadoras y menos adecuadas para colaborar en su formación técnica y/o intelectual. La universidad española ha perdido. O ha empezado a perder, ya que las consecuencias nefastas del nuevo sistema tengo la impresión de que no han llegado a su máximo grado de iniquidad. Al tiempo…

Un año después de todo aquello resulta patético comprobar la irritación de algunos de los que estaban tan a favor de Bolonia: se quejan de tener el mismo número de alumnos por asignatura y grupo que ya tenían antes, con el agravante de que tienen que corregir muchos mas exámenes, trabajos o controles. ¡Vaya ingenuidad! ¡O vaya malicia! ¡O, peor aún, vaya incompetencia! Ya habíamos advertido que la presunta bondad del plan Bolonia era inalcanzable si no había nuevas asignaciones presupuestarias, si no había más profesores para permitir ese soñado seguimiento continuo de los alumnos. ¿Cómo vamos a hacer un seguimiento si, como en mi caso, tenemos más de cien alumnos matriculados? ¿Controles continuos? De ninguna manera, clases lo más imaginativas y participativas posibles y calificaciones tradicionales.

Más patético e irresponsable es comprobar las consecuencias de la traición que el Estado español hizo al espíritu del Plan Bolonia, esto es, construir un espacio universitario único. Traición perpetrada con la aquiescencia y el silencio de la mayoría. Cuando la universidad española decidió realizar grados de 4 años y másteres de 1 año en lugar de lo que en Europa se iba a realizar (3 + 2) estaba condenando a nuestros alumnos de Máster a no poder acogerse a las becas Erasmus, por lo que seguirán manteniendo esa minusvaloración tradicional que acompaña a nuestra universidad. Los alumnos extranjeros podrán participar en nuestros programas, pero los españoles lo tienen difícil: ¿cómo van a acudir a másteres europeos si los suyos solo duran un año?, si se van fuera, nuestros departamentos pueden quedar vacíos...

Nada me sorprende ya, pero me sigue indignando la cobardía y la apoplejía de los políticos profesionales, de los políticos universitarios y, sobre todo, de mis colegas, de una gran parte de ellos, profesores de todo pelaje y condición, que aceptan los cambios propuestos por los que mandan a pesar de que esos cambios nos hundan en la miseria. En todo caso, sigo indignándome, prefiero no caer en su vacío, no compartir ni un atisbo de esa miseria putrefacta.