dijous, 22 de desembre de 2011

“Paseos con mi madre” o la crónica melancólica de unos damnificados



Acabo de leer Paseos con mi madre, el último libro de Javier Pérez Andújar. Se trata de una novela o de unas memorias o de ambas cosas a la vez, todas las novelas incluyen memorias, ya sean las del autor ya sean las de los personajes que las pueblan, todos los libros memorialísticos, a su vez, irrumpen en la ficción, ya se sabe. Aquí, Pérez Andújar parte de una realidad, su Sant Adrià del Besós vivido, pero también de una realidad que no conoce, a tenor de su edad, más que por lo que le han contado. O eso barrunto, se lo preguntaré. Si digo que el libro me ha gustado, me quedaré corto. Debe hacer mucho tiempo, mucho, mucho tiempo que no leía algo que me concernía de forma tan absoluta, nunca hubiese imaginado que podía compartir con Javier Pérez Andújar, amigo virtual, colega presencial (¿quizá también amigo tout court?, el sistema de las redes sociales lo relativiza todo, encuentras nuevos aliados, también, no puedo negarlo, insospechados contrincantes) unos referentes biográficos tan similares, o especulares. He revivido a través de su literatura momentos y atmósferas que el novelista o el memorialista sitúa en Sant Adrià, al lado del Besós, pero que yo sentí en el polo opuesto de Barcelona, al lado de otro río, en Cornellà de Llobregat.

No quiero hablar del libro desde el registro literario. Aunque me parece extraordinario, por el ritmo, por la creación de un pálpito propio, coherente e irrenunciable, por el cuidado del lenguaje, por el uso de esos tiempos verbales que siempre son presentes aunque se refieran a momentos históricos dispares, por la aparición aquí y allá de frases que pueden engrosar el listado de las citas magistrales (“No leeré para entender lo que dicen los autores, sino para entender a través de ellos”, “En Barcelona hay un civismo municipal de caza sin escopeta y de calles sin pobres, de que nada moleste a los ciudadanos”, “el mundo es como es y las palabras no le importan. Las palabras crean realidad pero esta no les pertenece igual que el obrero crea riqueza sin formar parte de ella”, “Se anda como se escribe”…), pero que en el libro se engarzan en una clara construcción de sentido.

Sí, el libro me parece muy bueno. Pero lo que quiero subrayar es que retrata unas vivencias que son suyas, del autor, pero que yo comparto, en ocasiones con ligeros matices, en ocasiones (incomprensiblemente, me siento allí reflejado) de forma absoluta: los viajes nocturnos de vuelta a casa desde Barcelona (en mi caso, las líneas CO y BC), la convulsión de una época en la que pensabas que debías elegir entre el compromiso político o el compromiso cultural (algunos, achacados por el síndrome de la lentitud, tardaremos en darnos cuenta de que podían aunarse ambas cosas, podías ramblear con los cabellos largos hasta altas horas de la madrugada y levantarte muy pronto para ir a una manifestación en el instituto y correr como nadie delante de la policía), la desilusión o el fracaso que supuso que todo el espíritu de cambio, de ruptura (nunca fue una revolución) acabase en los barrios obreros con la mansuetud de hoy día, y que fuesen los partidos que presuntamente debían sostener aquel espíritu crítico los primeros que se apresuraron a desmantelarlo, olvidando a los golpeados, a los asesinados (como Manuel Fernández Márquez, al que Javier rescata del olvido con pericia literaria, que es pericia sin más)...

En Paseos con mi madre, Javier Pérez Andújar creo que retrata a una generación de damnificados, en todo caso retrata mi propia damnificación, los damnificados de la transición, los dañados por una suerte de operación frustrante, los que pensábamos que la lucha contra la dictadura de Franco daría lugar a un sistema más justo, más igualitario. Los que nos sentimos traicionados por aquellos dirigentes de los partidos políticos y de los sindicatos obreros que, en la clandestinidad usaban un lenguaje y, en cuanto llegaron al poder en los ayuntamientos del “cinturón rojo”, lo cambiaron para legitimar una transición que, a todas luces, fue una continuidad, un maquillaje.

El último libro de Javier Pérez Andújar me ha llegado… ¿al alma?, eso parece demasiado cursi, pero se acerca a una sensación de sincretismo, de leer (de releerte a ti mismo) sin el fragor del panfleto, sino con la equidad de la poesía. De algún modo, ha ocurrido un hecho excepcional, Javier ha escrito con su pluma (o su teclado), pero, al ejecutar ese acto creativo, nos ha escrito a unos cuantos. Su pluma, su teclado, es el mío. Me ha escrito, aunque no pueda pedirle (¡mecachis!) participación en sus ganancias.

divendres, 16 de desembre de 2011

INDIGNITAT!!! LA POLICIA A LA UNIVERSITAT DE GIRONA


La policia autonòmica ha carregat contra estudiants, professors i personal de l'administració de la Universitat de Girona. El motiu? Estaven protestant per les retallades maximalistes que està patint la societat, en general, i la universitat, en particular. I ho feien perquè, tot i que la Rectora de la Universitat de Girona ha acceptat dòcilment les retallades, les quals afecten, com passa en totes les altres universitat catalanes, a la qualitat de l'ensenyament i, en conseqüència, al futur de la societat, a la tal senyora no se li ha acudit una altra cosa que fer un acte institucional per commemorar els vint anys de la seva universitat. I, per a fer-ho, ha convidat al President de la Generalitat, és a dir, justament el qui està gestionant l'era de les retallades amb tant de fervor o, almenys, de comprensió. (Brutal: tothom, també l'esquerra parlamentària, que no és esquerra ni és res, entén, justifica o mira cap a una altra banda malgrat que les retallades afecten als de sota, els de sempre, mentre els banquers i altres membres de la catèrvola d'indignes se'n refoten de nosaltres. I els indignes encara se sorprenen que hi hagi indignats!)

Ja veig que, de manera immediata, els diaris afectes al règim criminalitzen els qui protesten. Com sempre. Sembla que molt poca gent s'adona que cada vegada que un policia estomaca algú en el recinte universitari la cultura i la llibertat es van esmicolant. El temple del coneixement no hauria de permetre mai que les porres i les pistoles atemptessin contra la seva missió (encara que els qui ara som a dins no sapiguem despertar les consciències endormiscades). Però la senyora Rectora de la Universitat de Girona ho ha permès.

El seu primer acte d'indignitat, senyora Rectora, és organitzar un acte commemoratiu. Però què mandangues s'ha de commemorar? L'acomiadament de professors associats? Les retallades pressupostàries que emmalalteixen la transmissió del coneixement? El seu segon acte d'indignitat és que, si vol commemorar alguna cosa, no ho hauria de fer amb les autoritats polítiques, sinó amb la comunitat universitària i amb els que en són la seva màxima expressió, no pas els professors, encara menys els càrrecs, sinó els alumnes. El seu tercer acte d'indignitat i, encara més, d'extrema covardia és que, per ocultar les dues indignitats anteriors, ha fet entrar la violència policial perquè ataquessin els qui haurien de ser la seva gent.

NB: No puc deixar de precisar que la indignitat s'agreuja quan sabem que la força de la violència s'exerceix des de posicionaments que es troben als antípodes del coneixement universitari. Ho explicava en aquest post: