dimecres, 30 de juliol de 2014

YO NO SOY JORDI PUJOL




Yo no soy Jordi Pujol. Nunca estuve de acuerdo con sus políticas y no siento ninguna pena por la confesión de un anciano que siempre actúo en favor de su clase social y --ahora lo sabemos-- en favor de su propio clan. Yo y tantos otros catalanes no somos Jordi Pujol. Siempre me molestó, en sus larguísimos años de mandato, que cuando viajaba por España tuviese que aclarar que los que sufríamos en primer lugar la política sectaria de Pujol éramos los catalanes o, al menos, algunos catalanes.

Yo no soy Jordi Pujol. Pero ahora en España se está poniendo de moda aprovecharse de la "confesión" del expresidente para poner en entredicho el proceso soberanista. Resulta que saber que los políticos catalanes pueden ser corruptos deslegitima la voluntad de una parte muy importante del pueblo catalán de poder decidir su propio futuro. Pues no, señoras y señores. Que la derecha catalana es tan detestable como la derecha española lo sabemos muy bien muchos más de los que algunos piensan, aunque muchos menos de los que ahora se apuntan al carro de repudiar a Pujol cuando hasta hace poco le llamaban "Molt Honorable" y le otorgaban  el epíteto de "estadista". Sin embargo, muchos olvidan que el proceso soberanista no parte de la iniciativa profesional de la política, de eso que ahora llaman la "casta".

Lo intenté explicar en la primera parte de este artículoTodo explosionó el once de septiembre de 2012. La cosa se había macerado durante meses —o años o lustros— atrás, pero aquel día nos reunimos en una manifestación multitudinaria una serie de personas, no me importa la cifra exacta, éramos muchos. [...] un porcentaje de los manifestantes estábamos allí para expresar una doble indignación, lo sé porque era —es— mi indignación y la de unos cuantos con quien sintonizamos en esta cuestión. Por una parte, indignación con el sistema político o con el sistema tout court, es decir, con la falsa democracia que está instalada en España desde la tan sacralizada y tan funesta “transición”. [...] Por otra parte, indignación frente a la vejación con la que se ha tratado a Cataluña, a los catalanes y a la cultura catalana por parte de buena parte de la política y del aparato mediático de España. [...] Después de aquella manifestación, de aquel grito de indignación, vino el tumultuoso vaivén de la política profesional, unos y otros, de un color y de otro, de aquí y de allí, intentaron recuperar el protagonismo que los ciudadanos les habían quitado: la partitocracia, las desinencias ruines del “pacto social” de Rousseau, la falsedad de la división de poderes.

Otra cosa es que, frente al desafío democrático planteado por muchos catalanes, resulta más fácil decir que todo es una operación orquestada por los convergentes, por la política profesional y que todos los que queremos votar el día 9 de noviembre estamos lobotomizados por la derecha catalana que gobierna en la Generalitat. Resulta curioso que muchos de los que esgrimen ese argumento, con la corrupción y el maniqueísmo de Pujol como emblema, olviden que ellos votaron a José María Aznar (que mintió a todo un pueblo para llevar a España a una guerra), o a Felipe González (que dirigió una banda criminal desde el poder del Estado y, ahora, se pasea orondo con un puro en la boca para demostrar su riqueza "de izquierdas"), o a Rajoy y a Camps y a Matas y a Bauzá... todos ellos tan corruptos como el propio Pujol, ya se haya demostrado o tengamos que esperar tantos años como con el expresidente de la Generalitat.

Yo no soy Jordi Pujol, pero tampoco soy Boadella, Azúa, Espada & cia, esos cínicos que, vendiendo anticatalanismo, se han hecho un hueco en la España más cerril. Cuando oigo a esos que claman contra el nacionalismo catalán enredados en una bandera española me pregunto si no estaremos protagonizando un esperpento colectivo. La cosa es muy sencilla: muchos catalanes queremos ejercer un derecho democrático, votar nuestro futuro como pueblo. Y, luego, contar los votos y ponderar quien ha ganado y quien ha perdido.

Democracia, sin más, sin intermediarios, sin partidos políticos. Mostrar disconformidad con esa reivindicación alegando la corrupción de Pujol, la inviolabilidad de la Constitución o esa broma de que algunos ciudadanos catalanes estamos abducidos por la Generalitat es evidenciar falta de coraje democrático.

Yo no soy Pujol; nosotros no somos Pujol. Ayudadnos a poder votar. Y si Cataluña llega a ser un nuevo Estado ayudadnos, también, a impedir que un corrupto de derechas vuelva a gobernar.

diumenge, 20 de juliol de 2014

BARCELONA Y LA CULTURA. MIS RESPUESTAS A LA ENCUESTA DE LA VANGUARDIA


1. ¿Qué papel considera que juega Barcelona en el mapa cultural global?

Un papel fundamental como referente, pero sólo del arte del pasado, no del actual. El románico, el barrio gótico, el modernismo, Gaudí, Picasso, Miró, Dalí, Tàpies más lejos… son reclamos turísticos, pero no se están planteando para generar conocimiento, para dialogar con la cultura del presente, la autóctona y la exterior. La creación y el pensamiento en Cataluña son fuertes, pero no se les ofrecen estrategias para comunicarse con los centros de decisión y con los discursos del mundo global.

2. ¿Qué carencias detecta?

Los responsables de la Generalitat hablan mucho de la cultura catalana como elemento vertebrador, pero les interesa poco (el presupuesto tan bajo que el Govern le dedica a la Cultura lo confirma) y confían muy poco en el tejido cultural existente. Parece que han optado por la banalización, por el aterrizaje de personajes mediáticos en el campo de la cultura y por desatender a los profesionales del sector. En fin, mucho aparador,  el conseller Mascarell en rueda de prensa permanente, reclamando foco y oscureciendo, por tanto, a los verdaderos protagonistas, los creadores y los pensadores del país. Además, siempre está refiriéndose a presuntos grandes proyectos para los que, inmediatamente, anuncia que no hay dotación presupuestaria; un juego de pura retórica, especialmente con esa obsesión por hablar de las industrias culturales sin haber leído antes a Adorno. O habiéndolo leído, lo que aún resultaría más demoledor.

3. ¿Son subsanables? ¿Cómo? ¿Qué medidas cabría tomar?

Menos dirigismo político. Que los partidos no tomen a la cultura como la parte débil de la política. Y que se establezcan estrategias en la educación y en la cultura para fomentar el diálogo, el conocimiento crítico. Un NO rotundo a la frivolidad, a la cultura entendida como mero entretenimiento o como aglomeración de turistas. En tiempos de crisis tan agudas como la actual, son los artistas, los críticos y los teóricos del momento los que deberían discutir la cultura y el arte de una posible Cataluña independiente. ¡Deben hacer oír su voz y abandonar ese silencio generalizado! Sin confianza en la capacidad creativa del tejido cultural del presente, siempre volveremos a las alabanzas del arte del pasado; por tanto, a la cultura sin criterio, a la banalización. Y, si eso discurre así, el futuro es desalentador.

(La Vanguardia, 21/07/2014)


divendres, 11 de juliol de 2014

ALGUNES PREGUNTES QUI SAP SI IL·LUSES SOBRE LA CULTURA I ELS PROTOCOLS DE LA POLÍTICA


"Els bons modals, sense estudi, intel·ligència o sensibilitat tendeixen a convertir-se en mer automatisme; l'erudició, sense bons modals o sensibilitat, és pedanteria; l'habilitat intel·lectual, sense d'altres atributs més humans, és admirable només en la mesura en què ho és la brillantor d'un nen prodigi dels escacs; i les arts, sense context intel·lectual, són pura vanitat." (Thomas S. Eliot) 

1. Per què en les estrenes de les arts escèniques els polítics i càrrecs de l'administració es posen en les primeres files? És que ells hi entenen més que els professionals del sector o els crítics que n'han de parlar? O més que el públic que ha pagat l'entrada religiosament i que ha de seure lluny de l'escenari? Molts bons modals en aparença, però pedanteria de fons; s'aprofiten del càrrec, ras i curt.

2. Per què en les inauguracions de les exposicions els comissaris han d'atendre a les autoritats i explicar-los coses que, a l'engròs, no comprenen i/o no els interessen? No seria més lògic atendre als prestadors, als col·legues o, simplement, a la família?

3. En realitat, la pregunta bona és: per què venen les autoritats a les inauguracions de les exposicions que han finançat? Que no és la seva obligació pagar esdeveniments culturals? No sé si sabeu que en el món anglosaxó els polítics no van mai a les inauguracions, es fan a un costat i deixen que la cultura i la política no es barregi. (Un exemple: en la inauguració de l'exposició Joan Miró. The Ladder of the Escape a la Tate Modern de Londres, el conseller de cultura de la Generalitat va parlar i el món cultural britànic es preguntava per què, sobretot quan en l'inici del seu parlament va dir que estàvem davant d'una exposició de Picasso (sic).)

4. Per què se'ls ha d'esperar, als polítics, en els inicis dels actes públics, si a més solen arribar tard? Per què es permet aquell acte tan humiliant que consisteix en què el director del centre hagi d'anar a rebre les autoritats a l'entrada? Si no vinguessin, com fan els britànics, això que ens estalviaríem. (Prometo solemnement, ara i aquí, que quan sigui conseller (sic) aboliré aquesta mesura de regustos feudals.)

5. Per què els catàlegs de les exposicions contenen això que en diem "textos institucionals"? Les pàgines inicials dels catàlegs o de tot tipus de publicacions pagades per les institucions públiques contenen escrits de presidents, consellers o alcaldes. Són aquelles pàgines que mai ningú no llegeix; primer, perquè tothom sap que la immensa majoria d'aquells textos no els han redactat aquells que els signen, sinó que tenen uns "negres" (ja em perdonareu l'ús d'aquest terme racista) que els fan dir coses que ells no saben; segon, perquè una publicació és dels seus autors, de qui l'ha concebut i no necessita pròlegs insubstancials. Si ningú no ho llegeix, per què se segueixen publicant aquests textos? (Un cop més, sabeu que hi ha llocs del món cultural global on els polítics no tenen la temptació d'intervenir? I, per tant, no es gasta paper en aquestes pàgines ignominioses.)

6. Per què els polítics han d'intervenir en les rodes de premsa? I allargar-se i allargar-se amb frases retòriques que només els periodistes més dòcils i servents reproduiran en els seus mitjans? Els bons periodistes només pregunten i recullen les opinions dels qui han participat en l'obra, la publicació, l'exposició, el festival, l'esdeveniment cultural que s'està presentant.

6. Per què els polítics estan en permanent roda de premsa quan l'únic lloc on haurien de parlar és en el parlament o en el ple municipal? Quina vanitat els porta a pensar que són algú en el món de la cultura si la majoria de vegades la seva formació és tan escassa? Ells són uns gestors ocasionals, col·locats allà per un partit que ha guanyat unes eleccions i que considera la cultura la part menys susceptible de ser avalada per un bon pressupost. Per tant, com poden anar amb aquests fums perdonavides?

7. Per què els logotips de les institucions tenen un tamany tan desproporcionat a les cobertes o contracobertes? Amb una simple menció o un logotip petit no n'hi hauria prou? Així, a més, deixarien treballar als professionals del disseny sense aquesta dictadura del protocol que controlen un seguit de funcionaris que, en cada institució, només es dedica a comptar els centímetres quadrats que es mereix cadascuna de les entitats que ha finançat una publicació o un acte cultural.

8. Per què...

La llista podria continuar. En realitat, però, la qüestió última que ens hem de preguntar és per quin coi de motiu acceptem totes aquestes normes protocol·làries, aquests tractes inútils, aquests textos que ningú no llegeix, aquestes presències vanitoses...

Bon estiu a tothom!