dijous, 21 d’abril de 2016

"El arte debe estorbar; para babear ya está el deporte"


El domingo 17 de abril de 2016 apareció en El Punt Avui la entrevista que me hizo Maria Palau a partir de un cuestionario sobre la crítica de arte que Montse Frisach, Jaume Vidal y la propia María Palau están haciendo a una serie de colegas. La versión original la podéis encontrar en el siguiente enlace. La he traducido al español tanto para los que puedan estar de acuerdo conmigo como para los que discrepen de algunas --o quizá de todas-- de mis afirmaciones.


¿Tiene sentido la crítica de arte hoy?

La crítica tiene más sentido que nunca, no para opinar o dictar sentencias, sino como creadora de pensamiento, para hacer de contrapeso a la dictadura del mercado, para reflexionar sobre la erupción visual en la que vivimos cada día. Si no existiera la crítica, el arte sería como el deporte, que despierta adhesiones pero que nadie pone en cuestión o analiza más allá del grito o del insulto. Si no hay un pensamiento crítico que nos ayude a interrogar a la visualidad, corremos el peligro de hacer que los museos acaben siendo como unos estadios de fútbol: todos babeando con su equipo.

¿Se ha convertido el crítico en artista o el artista en acrítico?
La palabra arte no hace más que llevarnos a una confusión permanente. La crítica también. Vivimos en una sociedad visualmente compleja en la que los roles antiguos ya no nos sirven. Lo tenemos que inventar todo de nuevo. Y esto es un reto apasionante. Por eso cuando oigo decir "¿pero esto es arte?", huyo raudo del reduccionismo que incluye la pregunta.

¿Cuál es su museo favorito? ¿En cuál no entra nunca?

De entrar, entro o puedo entrar en cualquier lugar porque soy curioso. Pero siento predilección por los museos pequeños, aquellos que aún no han entrado en el vértigo de la fábrica de visitantes. El museo explica muy bien la confusión de la que hablo: nos enseña las obras del pasado como si fueran incontestables, sin mirada crítica. Nos hace perder de vista que lo que exhiben no es neutral, la mayoría de lo que muestran son encargos o compras del poder, de la aristocracia, de la burguesía, de la Iglesia. O peor, piezas expoliadas a sus legítimos propietarios.

¿Tàpies tiene sucesor?

Me parece que no. Es una suerte. Para él y para los que han venido después de él.

¿El arte catalán ha vivido demasiado de los grandes nombres?

Esta es la gran mentira que algunos nos quieren hacer creer. Miró y Dalí tuvieron que irse fuera porque aquí eran el hazmerreír y, tras ellos, Muntadas, Francesc Torres, Eugenia Balcells, Susana Solano y tantos otros ... La burguesía catalana ha sido y es (veáse la Fundación Macba ) de una miopía exasperante. Después, intentan aprovecharse del éxito fuera de esos artistas, pero eso es puro cinismo.

¿Por qué artistas apuesta?

Me gusta el arte que, en vez de acomodarnos, nos estorba, nos pregunta y nos incomoda. Para babear ya está el deporte, no sé si me explico. Del pasado, me quedo con Miró, al que he dedicado buena parte de mi trayectoria. Hoy? Diré los nombres de jóvenes mujeres artistas como Nuria Güell, Mireia C. Saladrigues, Lola Lasurt, Mireia Sellarés, Caterina Almirall, Alicia Kopf, Antonia del Río ...

¿Realmente interesa el arte al público catalán?

No hay un público, hay muchos. Y todos viven inmersos en el estadio de la visualidad, unos se enfrentan a ella críticamente y otros, en cambio, reaccionan con simplismos, se dejan abducir por los grandes nombres o se cabrean con lo que ven si no les han dicho que aquello es la hostia.

¿Somos un pueblo artísticamente maduro?

No sé ni si llegamos a ser un pueblo. Pero eso es bueno: quiere decir que todo está por hacer.

¿Los políticos creen en el arte catalán?

Dicen que sí, pero los hechos lo desmienten. La cultura nunca es una prioridad para ellos. Siempre hablan de los nombres del pasado, pero no dedican partidas a la creación de hoy. No confían en los profesionales para planificar cómo debería ser el arte en la Cataluña del futuro, independiente o no. Con el arte y la cultura todo el mundo se atreve, leen un libro o ven una exposición y se piensan que ya saben.