dimecres, 12 de febrer de 2014

NO HAGÁIS CASO A DAVID TRUEBA. (No es amor; es política.)


Este es un mensaje para mis amigos españoles: os quiero pedir que no hagáis caso de las palabras que David Trueba pronunció en la ceremonia de entrega de los Goya. Ya sé que Trueba parece un tipo normal, incluso que presenta un aire como de sabio distraído. Al oírlo pensé que quizás todo se debía a ese síndrome tan peligroso, el síndrome del premiado: te dan una condecoración, te ofrecen la posibilidad de hablar por medio de un micrófono y empiezas a decir tonterías sin ser consciente de ello. Me refiero, claro está, a ese mensaje que Trueba os lanzó a los españoles: "ir más a Cataluña a decirles que les queremos"Doy por supuesto que su intención era buena, lo dijo después de recordar la muerte reciente de la periodista catalana Tatiana Cisquella, pero la historia está repleta de torpes buenas voluntades. Amigos míos: yo deseo que vengáis siempre que queráis a Cataluña, pero, por favor, no lo hagáis para decir que queréis, estimáis o amáis a los catalanes. Porque, digámoslo claro y vosotros —Begoña, Luis, José Luis, Manolo, Marina, Miguel, Julio...— lo sabéis muy bien, el problema catalán (o, mejor dicho, el problema español) no tiene nada que ver con el amor, es un problema estrictamente político.

Aun suponiéndole buena voluntad, Trueba hubiese tenido que rectificar, convocar de inmediato una rueda de prensa y, con su pose de no haber roto nunca nada, tendría que haber explicado que su expresión era un error. Primero, porque da a entender que los catalanes somos como unos animales faltos de cariño a los que, solamente con una palmadita en la espalda o una caricia o, si es necesario, un beso nada lascivo, nos pasaría la rabieta independentista. Segundo, porque también da a entender que vosotros sois una tribu despiadada, antipática y amargada que nunca manifestáis buenos sentimientos o, al menos, no hacia los catalanes.

No, amigos, vosotros sabéis que lo que algunos llaman el proceso soberanista no se arregla con buenas palabras ni con expresiones sentimentales. Estamos frente a un problema político de enjundia. Un problema que algunos concentran en Cataluña, pero para mí el diagnóstico es equivocado: se trata del “problema español”, el de aquellos políticos y periodistas que permiten o difunden patrañas, la mayoría de ellas concentradas en cuestiones lingüísticas. A ellos, que en su mayoría hablan una sola lengua peninsular, les enfurece que en Cataluña seamos, como mínimo, bilingües. Y se inventan que el valenciano es una lengua distinta del catalán; o que en Aragón se habla una lengua a la que da miedo definir como catalán; o la justicia dictamina que el deseo de una sola familia debe cambiar los usos lingüísticos de toda una clase o de una escuela; y así un día y otro día y al siguiente… ¿Dónde ha denunciado David Trueba estas barbaridades?

En realidad, Trueba no es tan inocente como parece. A las pocas horas de lanzar ese mensaje de amor, era entrevistado en una radio catalana y allí despejó todas las dudas: para él, la Constitución española está bien hecha y el “derecho a decidir” es una abstracción. Efectivamente, Trueba quiere que nos queráis para que todo siga como hasta ahora. Por tanto, su mensaje sentimental era un engaño, él también sabe que estamos frente a un debate político y ya se ha posicionado.

¡Qué pena! Creo que vosotros estaréis de acuerdo conmigo. Sabéis que, para mí, la cuestión no es si Cataluña se independizará de España o no; la cuestión es si realmente existe coraje democrático para permitir que el pueblo de Cataluña se exprese libremente, un individuo igual a un voto. Eso no es ninguna abstracción, señor Trueba, a eso se le llama democracia. Y cuando la ejerzamos veremos los resultados: unos habrán ganado y otros habrán perdido. No hace falta que os recuerde que yo y tantos otros hemos perdido sucesivamente en las votaciones: votamos no a la Constitución; votamos no a la entrada a la OTAN; nunca hemos votado a los partidos que han gobernado ni en Cataluña ni en España… y, sin embargo, hemos aceptado las reglas del juego. Es curioso —o no tanto— que tanto la derecha como la izquierda parlamentaria española (junto a Trueba y tantos otros presuntos intelectuales), cuando han visto que los resultados de una consulta en Cataluña podían ser adversos, han empezado a romper el juego. Y, ahora, preguntar al pueblo catalán su futuro es una abstracción.


En resumen, queridos amigos, Cataluña es también vuestra tierra si así lo queréis, pero no hagáis caso a David Trueba, más que amor necesitamos vuestro apoyo político para que la democracia triunfe. Y luego, ya veremos.