diumenge, 23 d’octubre de 2016

BLANCA MUÑOZ. EL CONFLICTO DE LA FORMA


Blanca Muñoz expone en Barcelona, en la Galería Marlborough, hasta mediados de noviembre. Me pidieron el texto para el catálogo de la exposición, un texto que disfruté mucho escribiendo. Lo comparto aquí.

Entiendo el arte como una interrogación; la obra que es capaz de establecer un debate o —por qué no?— una discusión con el observador. Esa es la manera más directa de generar conocimiento. En el museo enciclopedista esa posibilidad queda parcialmente cercenada; allí, las obras son desposeídas de su probable carga perturbadora, se nos pide que acudamos a los grandes centros museísticos para “reconocer” las obras del pasado, para acomodarnos, no para poder debatir con ellas, no para “conocer” de primera mano, por nuestra propia voluntad y criterio personal su potencial capacidad de interrogarnos. En el arte de nuestro tiempo ese poder de cuestionamiento es inmanente; aquellos que se lamentan de la incomprensión del arte contemporáneo no tienen en cuenta que muchas de aquella obras que hoy admiran embelesados en los museos generaron en su momento diálogos, debates e incluso rechazos de gran calibre.

Frente al concepto y al uso del arte como algo siempre complaciente creo que la obra puede o debe plantearse como un conflicto. Huir de lo acomodaticio y suponer que el trabajo de un artista parte de una serie de problemas que quiere compartir con nosotros, que sus obras y sus acciones son preguntas que requieren de nosotros un esfuerzo. Picasso lo dijo de forma algo brutal:  “No, la pintura no está hecha para decorar las casas. Es un instrumento de guerra ofensiva y defensiva contra el enemigo.” No quiero llegar a tanto, o no me atrevo, pero entre entender el arte como guerra y entenderlo como simple decoración hay un trecho en el que tanto el artista como la obra como, aún más, el receptor adquieren un papel dinámico, nada pasivo.

La obra de arte como un conflicto, pues, que puede desplegarse de muchas maneras (el arte como hecho político, el arte conceptual, la mediación...), pero que antes que otra cosa se manifiesta en su estricta formalidad; el conflicto de las formas, eso tan simple y tan complejo al mismo tiempo. El arte como visualidad que se construye mediante perfiles, líneas, volúmenes, materias, colores y tantos otros elementos que, combinados entre sí, deben preguntar a nuestra sensibilidad y a nuestro intelecto. La comodidad puede llegar, pero siempre será después de un proceso de preguntas y respuestas.

Al escribir sobre la obra de Blanca Muñoz, en la hora de su primera exposición individual en Barcelona (una anomalía de esas que se producen demasiado a menudo en nuestra ciudad), quisiera adentrarme en esta idea del conflicto o de los conflictos que su trabajo plantea. O que a mí me lo parece. Claro que podría referirme a conceptos como la belleza de sus formas, pero sólo lo haría si pudiéramos desprendernos de esa tradición que, una vez más, otorga a la belleza un cierto aire de comodidad, de agrado un tanto simplista, no sé si llegar a calificarla como de pereza por parte de muchos de los que hablan de ella. Para mí la escultura de Blanca Muñoz es indudablemente bella si se me concede que esa belleza produce en el espectador inquietud, su obra me interroga, me interpela y demanda que, en mi contemplación, pase a ser un receptor activo, lejos del embelesamiento o de la complacencia. En las obras de Blanca Muñoz nos enfrentamos a algo prodigioso: sabemos que allí está ocurriendo alguna cosa. Pero —y de ahí proviene el prodigio— no siempre podemos saber qué es lo que ocurre. A partir de aquí, ya todo depende de nosotros.

Las formas y cómo relacionarse con ellas

Detengámonos en una primera observación: las esculturas de Blanca Muñoz no remiten a un mundo figurativo claro. No quiero decir que sus piezas sean abstractas o no, no me detendré en ese asunto, de poco recorrido teórico. Me refiero a que las figuras que culmina con su trabajo permiten o exigen al espectador que se enfrente a ellas con su propia intervención, con su propia curiosidad sensorial e intelectiva. Dicen unos versos de Antonin Artaud que “Dans la sensation. / On prend ce qui vient./ Dans le sentiment./ On intervient.” Las construcciones con varillas de acero inoxidable de Blanca Muñoz no tienen un referente evidente: ¿son formas geométricas? ¿son formas orgánicas? ¿son simplemente —pero nada menos que— formas?... Cada uno de sus espectadores deberá dar respuesta a esas y otras muchas preguntas. En primer lugar desde el reino de las sensaciones; más adelante, como señalaba Artaud, interviniendo desde otros territorios más complejos, los de la sensibilidad y de la inteligencia.

Las varillas de acero inoxidable son la materia principal sobre la que se construye este mundo escultórico tan singular; me contaba Blanca Muñoz que en el momento inicial de su trabajo, cuando empieza a doblegar las barras de acero metalizado, no tiene un plan preconcebido, un diseño previo de lo que quiere conseguir. El azar o un cierto grado de azar, por tanto, se encuentra en la etapa virginal de sus creaciones escultóricas. Pero no me parece que esa condición sea fundamental, en todo caso añade a sus obras más misterio, de inmediato vuelvo a ello. Lo formularía de un modo acaso algo pretencioso: la tensión de aquellos bastones en el aire, la tensión de la fusión de unos con otros, de los nudos que se crean, la tensión de las planchas de color que intentan acomodarse a los espacios previamente creados... todos esos nervios en tirantez se proclaman como una tensión para nuestra comprensión.

Las varillas de acero inoxidable son, al mismo tiempo, la materia sobre la que se asienta la construcción de las formas y el punto de inflexión a partir del que sus esculturas se enredan, se enzarzan en una problemática de enjundia. En primer lugar, encontramos piezas como “Torrencial” o “Enlazada”, en las que las forma viene dada por dos registros, al menos dos, no necesariamente coincidentes: por una parte, el dibujo que esas varillas crean en el espacio; por otra, no aislada de la primera, su disposición en el propio espacio. Intento explicarme: algunas de las piezas de la escultora pueden situarse sujetas en la pared, ancladas casi enigmáticamente en unos pocos puntos en los que las varillas se clavan sigilosamente en el muro, o encima de un soporte, como una escultura exenta; las formas son las mismas, pero su distinta colocación en el espacio produce tensiones e inquietudes dispares. La complejidad aumenta cuando en las esculturas se agregan las planchas de acero inoxidable en los intersticios o espacios que crean las varillas. Las planchas añaden o pueden añadir color a las composiciones, como en “Azorada” o “Bujía”. O como en la espectacular “Candombe”.

El espectador puede relacionarse con sus obras desde múltiples aspectos, como formas construidas o como formas constructoras; en su aspecto más escueto o en la versión más compleja que todas sus piezas permiten o exigen. Es el misterio o la inquietud de ese imaginario formal que ha creado Blanca Muñoz, sobre el que inciden tantos y tantos aspectos. Ya me he referido a la posición de la pieza en el espacio. No menos importante es el papel de la luz en la observación de su trabajo escultórico. El acero inoxidable capta la luz, la absorbe y la refleja. La artista ha subrayado en alguna ocasión la potencia especular del material y, por inclusión, de sus esculturas. La disposición en el espacio junto con esa cuestión lumínica (y, por tanto, cromática) dota a sus piezas de una sensación de movilidad sin ser esculturas móviles propiamente dichas. Eso ocurre a mí modo de ver en una pieza como “Atrapada”, en la que todas las formas parecen estar en suspensión, como los móviles de Calder antes de que una brisa los pongan en movimiento.

Todas esas condiciones aleatorias o provisoriamente aleatorias son las que yo llamo conflictivas, afortunadamente conflictivas. En definitiva, el anclaje de las varillas, el anclaje de las planchas en las varillas, el anclaje de la obra en el espacio,  el anclaje del espectador en la contemplación de las obras... todo remite a un conjunto de elementos que pueden entenderse como arte en su sentido más genuino, aquel que para llegar a la belleza de la que hablaban los clásicos requiere de un grito de atención por parte de la obra.


La expansión de las formas, la expansión del conflicto

He señalado la intervención estocástica en el inicio del trabajo de la artista, en un grado o en otro. Pero es evidente que Blanca Muñoz no participa del arte del azar en términos absolutos, no lo deja todo al albur de la improvisación; muy al contrario, más allá o más acá de su manera de empezar, su creación es fruto de un proceso de estudio entre varias variables, las formas, su situación en el espacio, la posibilidad de su desarrollo... La aparente sencillez de algunas de sus composiciones forman parte de aquello que decía aproximadamente el escultor Constantin Brancusi: la simplicidad en arte es una complejidad ya resuelta. En efecto, las formas de la artista madrileña acaban por ser un resultado final, una complejidad solventada que se muestra a la interacción de los destinatarios que quieran aceptar el reto intrínseco que suponen. Como ocurre y ha ocurrido siempre con el gran arte: el desafío antes que la veneración sacralizadora.

Este proceso de trabajo, esa resolución de complejidades la advertimos en algo que  me parece digno de subrayarse en la trayectoria de Blanca Muñoz: su paso de unos formatos a otros, de unos tamaños a unos distintos; una vez más, el anclaje de su obra entre diversas técnicas y lenguajes. Escrito de otro modo: en la obra de la escultora encontramos formas similares en técnicas y lenguajes dispares. Una coherencia que se expande. Lo vemos en el paso del gofrado en sus grabados, esos relieves o marcas que dotan al papel de —una sensación de— volumen, a la escultura de tamaños digamos sostenibles a escala humana; en el paso de esas esculturas, de las formas de esas esculturas, a la cerámica, lo comprobamos en las series “Aurea” y “Albina”, por ejemplo, esa voluntad de expandir su juego con las varillas de acero hacia el lenguaje de la cerámica, a menudo tan poco apreciado en los círculos “nobles” del arte; en el paso hacia la joyería, donde sus formas deben reequilibrarse para un uso distinto para el que las había gestado, la labor de miniaturista de la antigua orfebrería, aunque me pregunto si no todo es miniaturista en el trabajo de Blanca Muñoz...

Hay algo en su obra que me fascina: su perpetua exploración de terrenos creativos nuevos, la persistente adaptación de sus formas de unos lenguajes y de unos materiales a otros (del grabado a la escultura, de ésta a la cerámica, al mármol o a la joyería); quiero enfatizar lo de adaptación en su sentido mayestático: en la obra de Blanca Muñoz no hay un traslado mecánico de unos territorios a otros sino que se produce un proceso, una seriación, una voluntad de hacer participar a toda su creación en ese imaginario al que me he referido antes. En las bases de cerámica se incrustan las varillas de un modo que nos recuerda a cómo se incrustan en el papel en algunos de sus grabados, o en el mármol, pero no es exactamente lo mismo. Hay un diálogo y una puesta a punto entre sus formas y los materiales o los lenguajes en los que trabaja.

En ese proceso hay que destacar también la percepción de los tamaños. El paso de unos tamaños sostenibles (la escultura trabajada manualmente por la artista en su taller; su adaptación a la joyería o los elementos cerámicos) a unos tamaños, los de la escultura pública, en los que el receptor de su obra se enfrenta a un reto apasionante. Allí, los volúmenes, los vacíos, los colores, al fin, las formas se convierten en la esencia de la interrogación, del conflicto o de los conflictos en los que la obra de Blanca Muñoz nos subsume. Esos conflictos que, según Brancusi, son problemas resueltos en escalas más pequeñas, son lo que permite que el espectador se enfrente a las piezas gigantes, por denominarlas de un modo demasiado ampuloso.

A propósito de todo ello, acabaré con una anécdota personal. Tuve la suerte de que Blanca Muñoz me mostrara su última escultura monumental, “Talismán II”, ubicada en el patio ajardinado de la Fundación Juan March de Madrid. Allí pude verificar, como resumen, el maravilloso conflicto que suscita en mí su obra: en primer lugar, la ampliación de esas formas suyas como reto para el observador, ¿cómo anclar la mirada en aquellas formas; en la creación de volúmenes, de espacios que suscitan; en los vendavales de colores que las planchas de acero inoxidable perforadas multiplican...? En “Talismán II” puede comprobarse la lucha o el debate de la artista con el material mismo: aquella tarde, la luz apagada del ocaso madrileño engañaba mis sentidos, dónde yo veía un color a lo lejos por la refracción de la luz, percibía otro color al acercarme; cuando creía entender una lógica de espacios y vacíos gestados en la coalición de varillas y planchas, otro punto de vista desmentía toda posible hipótesis...

Puro misterio, excitante inquietud; cuando nos enfrentamos a una obra sólida como la de Blanca Muñoz el único posible resultado para nosotros es saborear el conflicto de las formas; más aún, adentrarse en las múltiples formas del conflicto de la creación.


dimecres, 12 d’octubre de 2016

012, CAPRABO AL TEU COSTAT... O QUAN LA GARCÍA MELERO ENS OBNUBILA.


De cop, ahir, algú de la família tenia encès el televisor i escolto de lluny la veu de l’Helena García Melero. M’espero allò de “012, la Generalitat al teu costat”, o la seva veu fent tertúlia amb els seus col·legues de TV3. Però, no. Resulta que una de les estrelles de la televisió catalana — “la nostra”, diuen—, ara també fa publicitat: un anunci dels supermercats Caprabo. Un anunci que està vinculat a la pròpia Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals, com podeu comprovar aquí. Espero que els responsables de l’ens algun dia ens expliquin els acords comercials a què arriben amb els nostres impostos. Però, ara, jo vull fer algunes consideracions sobre l’omnipresència de l’Helena García Melero.

1) Hi ha algú més sobre la capa de la terra catalana que sigui capaç de fer alguna de les feines que aquesta periodista porta a terme?

2)  És lògic que una dona (o un home, que això no va de gènere) acapari tantes funcions socials o comunicatives?

3) No dóna una imatge delirant que una presentadora de TV3 sigui qui faci campanyes institucionals per a la Generalitat de manera exclusiva?

4)  No confon al públic que ara, a més a més, faci un anunci d’uns supermercats?

5) Ella, no se n’adona que està abusant de la seva pròpia imatge? O que, llegit en forma passiva i còmica, ens assetja de manera despietada?

6) Si ella no se n’adona, la Generalitat o TV3 no hi hauria de posar remei i donar joc a d’altres persones?

7) En aquests moments en què la García Melero es fica en tots moments en la nostra quotidianitat, no hi ha més persones que pensin, com jo ja vaig manifestar, que no s’havia de fer públic que és tan amiga del President de la Generalitat que fins i tot les seves famílies passen dies d’agost junts?


Jo no sé si la Generalitat és al meu costat. El que sé és que l’Helena García Melero sí que és al meu costat... encara que no ho vulgui.

dimecres, 31 d’agost de 2016

TOTUM REVOLUTUM. (O quan uns no són "dels nostres" 2)


Qui ha dit que els estius són avorrits? Jo no n’havia passat mai un de tan poc ensopit. Mentre al país veí miraven de fer govern (o escenificaven l’astracanada), nosaltres ens entreteníem amb un espectacle no per conegut menys esfereïdor: el tots contra tots. Jo això no ho trobo dolent, m’agrada que cadascú defensi les seves posicions ideològiques... quan hi ha ideologia, és clar. La societat catalana més aviat s’ha convertit en un plató de televisió on es crida molt fort, sense debat, sense arguments, on el que més importa és fer soroll en contra del contrari. I ja sabem que, en els esquemes de la comunicació, el soroll impedeix que ens entenguem.

Tots contra tots, dic. Els del govern contra la CUP; els del DUI contra els del RUI; els independentistes contra els unionistes; els unionistes federalistes (si és que això és possible) contra els espanyolistes carpetovetònics... i tots contra la Colau, i els partidaris de la Colau en contra del món, si em permeteu la broma, que ara explicaré. Cap autocrítica, cap esquerda en cadascun dels fronts; ningú no admet que els uns —els seus— fan coses malament, sempre són els altres els qui s’equivoquen, del que es tracta és de “marcar paquet” (ja em perdonareu l’expressió masclista, però és que la cosa va més o menys per aquí).

L’estiu va començar amb la immolació de Javier Pérez Andújar com a pregoner de les properes Festes de la Mercè per part de molts dels qui, fent veure que són independentistes, el que realment els treu de polleguera és l’Ada Colau. Mira que hi ha motius per a analitzar críticament l’Ajuntament de Barcelona (la seva indefinició respecte als manters; el seu pacte amb Collboni i, per tant, l’haver deixat la cultura municipal en mans de la secta socialista; decisions de favor en la selecció d’algunes persones...), però es van centrar en l’escriptor bàsicament perquè no opinava com ells. Tampoc no sempre opina com jo, però ho vaig escriure fa unes setmanes al meu blog: amb mi que no comptin per a batusses sectàries; amb el Javier m’uneixen moltes coses i me’n desuneixen moltes altres, com amb tanta gent, independentista o no. Si la cultura catalana (i la barcelonesa) del futur nou Estat que jo vull assolir només s’ha de construir amb els que pensen com jo —o com tu, també, estaríem abocats al suïcidi col·lectiu.

Uns dies més tard, Colau tornava a trobar-se en el centre d’atenció per culpa d’un avís de La Vanguardia que alertava que el Born acolliria una exposició, titulada "Franco, Victoria, República. Impunitat i espai urbà", on s’exhibirien unes estàtues dedicades al Dictador d'època franquista. Ningú no coneixia el projecte expositiu, ningú no sabia de què aniria l'exposició, ni per què s’exhibirien aquelles estàtues. Però s’havia d’atacar la Colau, uns perquè es dediquen exclusivament a això i uns altres perquè..., és que no ho sé, no vaig llegir res que pogués explicar aquella explosió d’odi a partir d’una exposició que ningú sabia de què anava i per part de persones que, habitualment, els interessa un borrall el món del comissariat d'exposicions. Quanta hipocresia! A la fi va resultar que els altres atacaven la Colau perquè els molestava que el nou Ajuntament, amb tota la legitimitat o amb la mateixa que els anteriors alcaldes de la ciutat, hagués pres possessió del Born. I hagués tingut la temeritat de fer un acte que, provisòriament perquè ningú no sabia res del que pretenia l'exposició—, contravingués  la idea del Born com a patrimoni de l'independentisme.

És curiós comprovar que, en aquests dos casos, qui atiava el foc sota l’aparent innocència de la informació era el diari del Conde de Godó. I molts processistes, independentistes i d’altres “istes” s’hi van apuntar sense matisos. Mesells ells, polítics i opinadors pagats, presumptament progressistes, que fan el joc a la dreta catalana, que no catalanista. I atacaven una exposició, ara ho sabem, amb una voluntat de denúncia de la dictadura de Franco com si es tractés d'un invent de Ciutadans o del PP, aquests partits que mai no han denunciat el Franquisme.

Curiosament, l’estiu ens ha donat un altre assumpte, per mi el més greu de tots. Em refereixo a la imatge del president Puigdemont calçat amb xancletes d’estiu, enarborant un pal amb una estelada i envoltat de tot un seguit de personatges públics. No m’hi estenc que tots sabeu de què parlo. O potser se us va escapar? Seria lògic, perquè mentre tots els fronts atacaven la Colau, aquí la cosa va caure en l’oblit ràpidament. Puigdemont va estar a Cadaqués a casa de la Rahola, i va coincidir amb Helena García Melero, Joan Vehils, Laporta, el Cap dels Mossos d'Esquadra i la pròpia Rahola, entre d'altres. En aquest cas, La Vanguardia no va posar el dit a la nafra de la fotografia; evident, si la Pilar Rahola, la seva col·laboradora estrella, la seva Inda particular, és qui va fer pública la trobada. I, per altra banda, tots aquells independentistes que es van sentir incòmodes amb la imatge, inclosos els d’ERC vull suposar, van callar perquè deuen pensar que no és tàcticament oportú atacar el president que Artur Mas va col·locar-nos amb la seva aquiescència.

Ho diré ben clar: cadascú passa l’estiu amb qui vol. Però en el moment en què fa públiques imatges, la cosa deixa de mantenir-se en l'àmbit privat. I aquí és on ens trobem. Si aquest estiu, Rajoy hagués fet pública una fotografia d’ell embolicant-se amb la bandera espanyola, al costat de l’Eduardo Inda o del Paco Marhuenda, en presència d’un dels més representatius presentadors de TVE, d’un expresident del Real Madrid i, pitjor i tot, amb el cap de la policia nacional, tots ens haguéssim posat a cridar com a energúmens. El president del meu país no pot deixar-se fotografiar amb xancletes i enarborant una estelada, perquè ell no és una persona qualsevol, ell ha de representar tots els catalans (els que no són independentistes també, no fotem); una cosa és fer les polítiques del teu programa des del Govern, l'altra és usar símbols en una intimitat que deixa de ser-ho quan permets que l'airegin. El president del meu país no pot frivolitzar un símbol amb aquesta catèrvola de personatges al costat. La Rahola que faci el que vulgui i que ho faci públic. Però saber que el president de Catalunya es troba amb periodistes de TV3 i amb el Cap dels Mossos només fa que refermar un estat lamentable de la societat catalana que ostenta el poder, el real i el mediàtic. Ho diré amb una frase ridícula: El president del meu país no només ho ha de ser, sinó que ho ha de semblar.

En fi, els símptomes, per mi, són alarmants. I qui no ho vegi així, no m’entendrà. Tampoc serviria de gaire que m'entestés a mirar d'explicar-me millor si veient la fotografia en qüestió—o d'altres d'aquella trobada— no perceben que alguna cosa no rutlla. Crec que el país està en fase d’aguda malaltia. Es munta un gran sarau per una fotografia virtual d’una exposició que encara no existeix i, en canvi, es passa per alt la fotografia que reflecteix una realitat. Però és clar mentre que els uns són dels altres, el de les xancletes és dels nostres i sembla que se li pot perdonar tot. I la troca es va embolicant.


Acabo d’escoltar un moment del debat d’investidura al Parlament espanyol, amb la intervenció tan valenta i rigorosa del Joan Tardà i la resposta rància, antiga i retrògrada de Rajoy. És clar que jo vull marxar d’Espanya i fer una nova República catalana. Però no crec que, per aconseguir-ho, hàgim de callar allò que no ens sembla correcte del nostre país. La societat catalana és complexa, sortosament complexa, i si fem fronts on els dolents sempre són els altres, la cosa pot acabar en el pitjor dels escenaris.

diumenge, 21 d’agost de 2016

¡HACIA EL ABISMO!


Gloria...
Honor...
Casta...
Imperial...
Leyenda...

dissabte, 30 de juliol de 2016

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR ÉS L’EXCUSA, QUI MOLESTA ÉS LA COLAU... O QUAN UNS NO SÓN “DELS NOSTRES”.



La situació política a Catalunya va per vendavals. Ara ens trobem enmig d’una tempesta aparentment pertorbadora per bé que tinc la impressió que es tracta més aviat de pluja fina. Alguns comentaristes volen fer passar la cosa per més gran del que és. Davant de la immundícia i de la inoperància del sistema polític espanyol (i del català, també), hi ha coses que no mereixerien ni un breu, malgrat que alguns li atorguin el rang de titular a quatre columnes.

El vendaval d’ara porta el nom de Javier Pérez Andújar, l’escriptor, a qui ja fa temps li vaig dedicar un text en aquest mateix blog a propòsit del seu meravellós llibre Paseos con mi madre. Però jo crec que ell és l’excusa, a qui volen atacar de veritat és a l’Ada Colau arran que l’alcaldessa de Barcelona l’hagi escollit com a pregoner de les Festes de la Mercè. Es tracta d’un vendaval passatger, afirmo. Perquè, diguem-ho clar, quants de vosaltres sabeu dir-me de memòria el nom dels pregoners dels últims deu anys i, suposant que ho sapigueu, quines motivacions polítiques trobeu en aquelles eleccions passades?

Jo ho sento, però no em sotmetré a la dilapidació de l’escriptor. És evident que hi ha coses en les que no coincidim, no em molesta recordar aquí que vaig lamentar públicament en aquest text del 2014 que despatxés la manifestació de l’onze de setembre amb un titular i un to que jo considero ofensius, no en contra de l’independentisme, sinó de tanta i tanta gent que va sortir al carrer aquell dia. Però no faré l’astracanada de negar-li la competència i la qualitat per poder fer un discurs esplèndid com a pregoner de les festes (una tradició que, per cert, si se suprimís tampoc no passaria res). Amb mi que no comptin per a batusses sectàries. Amb el Javier m’uneixen moltes coses i me’n desuneixen moltes altres, com amb tanta gent, independentista o no. Si la cultura catalana (i la barcelonesa) del futur nou Estat que jo vull assolir només s’ha de construir amb els que pensen com jo, estaríem abocats al suïcidi col·lectiu.

Tot això, però, és pluja fina, insisteixo. La tempesta de debò s’ha construït en contra de l’Ada Colau. No per haver escollit Javier Pérez Andújar de pregoner, sinó perquè la seva formació política no acaba de pronunciar-se sobre la qüestió nacional. O potser perquè es pronuncia més del que els mateixos comuns no es pensen: sense grup propi al congrés espanyol, defensant com a quixots un referèndum pactat amb un Estat caduc (es pensen que som rucs?)... Els qui carreguen en contra d’un intel·lectual, d’un escriptor, de fet voldrien, metonímicament, capgirar la situació de l’Ajuntament de Barcelona. Per temes socials? No, per temes exclusivament catalanístics. O fent veure que la qüestió catalana està per sobre de problemes econòmics, socials, culturals... Preferirien Trias?

Però, i a l’altra banda? I tots aquells que surten a defensar la probitat de l’escriptor i denuncien la intolerància dels qui han fet servir frases d’ell per a posar-lo com a un dimoni; i aquells que parlen de caça de bruixes per part del sobiranisme? Uns quants dels qui he vist per les xarxes socials que s’han convertit en defensors acèrrims del Javier tinc la sospita que mai no han llegit res d’ell. Perquè no l’estan defensat a ell, estan defensant l’Ada Colau. I, la veritat, si m’ennueguen els atacs indiscriminats a un escriptor, també m’ennueguen les defenses numantines d’un polític o, com en aquest cas, d’una política. No podríem acabar amb la necessitat de pertànyer unívocament a algú, de buscar refugi en el grup? Podem llegir les coses del Pérez Andújar i celebrar-les quan ho considerem oportú i criticar-les quan no ens agradin? Podem defensar certes polítiques de l’ajuntament de l’Ada Colau sense caure en la defensa de tot —de tot— el que ella i el seu equip facin?

Perquè, la veritat, jo preferiria que els qui critiquen amb tanta cruesa —i, al meu entendre, amb tanta raó— els atacs al Javier Pérez Andújar també es pronunciessin amb la mateixa contundència quan s’ataquen persones i conductes que no pertanyen al seu món. I preferiria, també, que els qui criticaven decisions polítiques d’anteriors alcaldes de Barcelona, apliquessin el mateix barem a l’hora de valorar allò que fa l’actual Ajuntament de Barcelona. (Un exemple: en la foto d’anunci del pregoner de les festes apareix una persona, aquesta sí, que suposa una reculada en les propostes de Barcelona en Comú: Jaume Collboni.) Personalment, celebro l’arribada de Barcelona en Comú a la capital catalana, però fer veure que tot el que fa l’Ada Colau és excels és una aberració que només s’explica per aquesta necessitat de construir trinxeres. Ho vaig escriure fa uns dies: La societat ens demana que pertanyem a coses, que tinguem líders polítics i els seguim, però n’hi ha que no som de ningú, que preferim mirar de pensar per nosaltres mateixos (o tenir la il.lusió que ho fem).

I ho deixo aquí, que vol ploure, espero que la pròxima tempesta tingui arguments més raonats, que es parli de política de veritat, que es toquin problemes de fons i no ens aturem en plugims circumstancials.