He oído decir a David G. Torres que eso que llamamos arte contemporáneo se conduce como un fenómeno o un lugar que atrae a todos aquellos creadores que se salen de lo oficial en sus respectivos marcos de actuación. No sé si la idea es suya, hoy en día es absurdo incluso plantear ese despropósito, todas las ideas acaban siendo de todas y de todos, y los que no tienen ideas llegan a presidente del gobierno español. En cualquier caso, el supuesto es interesante. Los cineastas que utilizan el lenguaje cinematográfico para algo que vaya más allá de lo comercial y la taquilla como obsesión acaban en el museo. La gente del mundo de la danza que no se limitan a lucir la técnica por la técnica o ciertos músicos que se alejan de la sala de conciertos como ritual intocable acaban en los centros de arte contemporáneo… El asunto viene a cuento porque es el propio David G. Torres quien, a la hora de escribir lo que podríamos llamar una novela, “Cielo”, se salta los moldes de lo que e...
Dans la sensation. / On prend ce qui vient./ Dans le sentiment./ On intervient. (Antonin Artaud)